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domingo, 10 de febrero de 2013


Quién es el pueblo

Por Francisco Morán, 10/02/2013
En la Antigua Grecia, el demos (en griego δμος, traducible por pueblo) era el sujeto de la soberanía si la polis (ciudad-estado) era demo-crática (democracia griega o ateniense). En la expresión política de ese demos no intervenía a la mayor parte de la población: ni menores de edad, ni mujeres, ni extranjeros (metecos), ni esclavos (parte esencial de la fuerza de trabajo en el modo de producción esclavista). El demos estaba excluido de las decisiones políticas en las polis aristocráticas gobernadas por los aristoi (traducible por los mejores), es decir, las familias más poderosas militar y económicamente, que al ser pocas (oligo) formaban una oligarquía (polis oligárquicas). La misma configuración del ejército expresaba ese hecho: lucha individual (la descrita en la Ilíada) de campeones capaces de costear caro armamento (carros de guerra) o lucha colectiva (la falange compuesta de hoplitas). El acceso del demos al gobierno tuvo en muchas ocasiones como mecanismo la elevación al poder de gobernantes ilegítimos que se legitimaban por el apoyo popular: los tiranos. (http://es.wikipedia.org/wiki/Pueblo)
El concepto ha evolucionado desde entonces. Desde la Edad Antigua hasta la Revolución Francesa, la plebe estaba fuera de las decisiones que se tomaban desde el Estado. La división de los poderes es algo que, hasta la Iglesia Católica, con Leon XIII, incluyó en su primera Encíclica Social, Rerum Novarum, como un sistema sano.
El próximo año tendremos elecciones en El Salvador. El pueblo (los 4 de 7 millones de habitantes podemos votar) tendremos la oportunidad de elegir nuestros gobernantes. Sin embargo, los hechos nos dicen que sólo alrededor de 2 millones votan realmente. “El pueblo” tiene una apatía tremenda. Por lo menos la mitad. La otra mitad deseamos participar.
¿Cuál es la tarea del gobernante con respecto al “pueblo”? ¿Los niños menores de 18 años son “pueblo”, también? Sin embargo, vemos que a esta porción de la población los gobernantes no le hacen mucho caso. No votan. Los tiene sin cuidado.
Cuando se den cuenta que invertir en la niñez sale más barato que estar encarcelando adultos aquí habrá un giro copernicano. Hasta para los idiomas, es más barato invertir en profesores bilingües para los niños de 0 a 7 años, que a mayor edad. Los niños pueden aprender hasta 3 idiomas o más, dependiendo de los estímulos que reciban tempranamente.
Pero nadie tiene visión. Nadie tiene coraje de usar la cabeza. No he visto los programas de los candidatos a presidente. Seguramente, no hay nada en dichos programas que empiece a asegurar un mejor futuro para el “pueblo” salvadoreño.
¿Quién es el pueblo salvadoreño?  Mientras nos ponemos de acuerdo, invitemos a los que están a nuestro alrededor a mentalizarnos que podemos elegir gobernantes que hagan lo que deben hacer. Hablemos de la educación de nuestros hijos, el futuro de nuestro país.

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