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lunes, 2 de septiembre de 2013

El anatema de la privatización en El Salvador


Es curioso que en El Salvador, el partido que se reconoce como uno que ha “anatematizado” (condenado) la privatización de diferentes servicios públicos, esté ahora abogando por los asocios público-privados.
A través de la historia, los partidos socialistas o pro-socialistas, han condenado todo lo que huela a la intervención privada en los servicios públicos. Baste recordar cómo Fidel Castro tiene sumida en la miseria al pueblo cubano desde hace más de cincuenta año, a través de muchos engaños y mentiras. La mentira es un recurso regular de las dictaduras que defienden un enfoque materialista de la vida. Chávez mintió por mucho tiempo al pueblo venezolano, tanto que al ocaso de su vida, el sufrido pueblo se quedó hasta sin papel higiénico, no digamos también que hasta se quedó sin vino para consagrar en las iglesias. Chávez ha perseguido a los diferentes medios de comunicación, hasta su cierre definitivo. Correas también lo hace en Ecuador. Kirchner también lo hace en Argentina, donde expropió una petrolera en manos europeas.
A parte de las medidas socialistas que ha tomado este tipo de gobierno del grupo Alba, resulta claro que no tienen reparos en que sus dirigentes vivan como buenos burgueses capitalistas, tal y como siempre lo hicieron los líderes de los países comunistas detrás de la entonces cortina de hierro, antes de 1989.
Todos los Papas desde 1891 con León XIII, han recomendado al Estado dejar que los gremios de ciudadanos hagan todo lo que puedan hacer sin la intervención estatal, a través del principio de subsidiariedad. También recomiendan que el Estado y los gremios de ciudadanos se preocupen por los pobres y desvalidos a través del principio de solidaridad.
No es cierto que el estado cuando se adueña de un servicio que pueden ejecutar los particulares, o sociedades intermedias entre el mismo Estado y el individuo o la familia, lo haga en beneficio del bien de todos. Muchas veces esa intervención estatal es el inicio de condenar a la miseria a la población más vulnerable. Pensemos en la ley del agua. ¿Cómo será posible que la tubería de agua potable llegue hasta el último rincón de El Salvador si el mismo Estado salvadoreño no goza de los recursos adecuados para invertir en esta infraestructura? Mientras el Estado no permita a los particulares que se preocupen por llevar el agua hasta el último rincón, este sueño no se hará realidad. El principio de solidaridad hará que gocen de este servicio los más pobres entre la población salvadoreña. Pero nunca el Estado será buen administrador de todos los bienes de la nación.
Por lo tanto, tengamos cuidado con las mentiras que digan personas pro-socialistas y, también, vigilemos a los que con pretexto de la libertad, nos quieran llevar a una dictadura materialista.
Frank Morán.

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